La belleza y la alegría se teñían de un profundo sentimiento de pérdida y desesperanza en un futuro lleno de incertidumbre. La nostalgia, ese hábito que le inculcaron desde niña, venía a serle su línea del horizonte. Le daban pena hasta las baldosas del suelo.
No obstante, ella hacía el tipo de cosas que cualquier otra mujer haría, dándose a la naturaleza secreta de las cosas como si nada, como si nadie, como si todo y, en días, se trasladaría a su nuevo puesto de trabajo, lejos de él. Al menos, era lo que solicitó tras años de perplejidad y amor exhausto, incapaz de cumplir las reglas que ella misma se autoimpuso, con una atención reducida y dispersa, impedidos por no saber darse amor.
Él, también tenía la impresión de que estaban en el Titanic.
No había hecho más que esperar, sobre todo desde que se marchó en primavera. La cuarta o quinta vez. Esperar…
Aparte de los pocos millonarios a los que trataba por dinero, dedicaba todo el tiempo a visitar hospitales infantiles. Sufría…
...ahora ya sabía todas las respuestas. Sucedió en una franja de tierra larga y estrecha con playas a uno y…