Cada día se ponían una máscara. Ella lo llamaba maquillaje, ponerse guapa; él, haciendo de cómplice, no le arrebataba esa libertad y también se arreglaba. Hacia la noche ya tenían otras permanencias de pasión, anhelo y peligro.
Pero sí, pudiera entenderse que él solo cumplía con su deber y ella ansiaba escapar. Solo que los inocentes no salen corriendo y las esclavas paren esclavas.
Cuando salieron de la cárcel y entraron en la misma, ninguno supo qué elegir, separados. Y hasta el mismísimo día del juicio final dudó ese hombre condenado.
La tela no dejaba pasar su respiración, le picaba la piel, la cara, todo. Era como si su vida hubiese…
Él cerró con fuerza los párpados y se tocó la frente; después le colocó el mechón de pelo detrás de…
Eso es el dinero, la sustancia que vuelve real al mundo. Y hay algo tremendamente corrupto y excitante en ello.…
...rendición, cerró el maletero y los despidió agitando la mano.