Ella era como la primavera, igualita:
“Darme quiero a entender sin decir nada” se desprendía al verla.
“Ni me dejo forzar ni me defiendo” trataba su libre comercio.
“Entiéndame quien pueda; yo me entiendo” para quien no la conocía.
Él cerró con fuerza los párpados y se tocó la frente; después le colocó el mechón de pelo detrás de…
Eso es el dinero, la sustancia que vuelve real al mundo. Y hay algo tremendamente corrupto y excitante en ello.…
...rendición, cerró el maletero y los despidió agitando la mano.
La vida brindaba esos momentos de felicidad a pesar de todo. Lo recordaba como un sonido que salía por la…