Ella era como la primavera, igualita:
“Darme quiero a entender sin decir nada” se desprendía al verla.
“Ni me dejo forzar ni me defiendo” trataba su libre comercio.
“Entiéndame quien pueda; yo me entiendo” para quien no la conocía.
Aparte de los pocos millonarios a los que trataba por dinero, dedicaba todo el tiempo a visitar hospitales infantiles. Sufría…
...ahora ya sabía todas las respuestas. Sucedió en una franja de tierra larga y estrecha con playas a uno y…
...que no pudo recordar luego cómo era, y la quería. La quería querer, que se dejase.