Hacia la niebla de la tarde, como cada día, como cada noche, se inventaba, prometiéndose a conciencia rellenar su almohada cuando menos con su sola presencia, queriéndose en el aliento e intentando dejar de ser una adulta más, por todo lo vivido y por todo lo que le quedaba por vivir. Un vivir en dos mitades.
Hacia las cuchillas de la mañana, mezclándose con el ansia, y si por cejas tuviera pinceles, las escamas de su piel ni le eran ni pigmentos ni rumores sino espaldas y volcanes, queriéndose hasta venderse a cualquiera de lejos. Un mal maquillaje de tantos.
Entre tanto, ni los teléfonos de bolsillo, los vestidos y sus estampados o tantas mascarillas de las modernas le reportaban más verdad que darse a cazar mariposas, con el fin, también, de contribuir a su recuperación, que no todo eran esas otras economías sociales o el ponerse la peluca de cada día para seguir fingiendo que todo era maravilloso.
A eso se dio la mayoría de la gente, a esparcir las huecas ensoñaciones, saliendo a las terrazas, andando cuando nunca antes lo habían hecho o, a acudir al trabajo con ganas. Gestos, bienvenidos, pero gestos, al fin y al cabo. Toda una lección de ciencias naturales.
Detrás de la memoria, de las esquinas, de las pisadas viejas como que se necesitaba ese frenesí, instantes y efervescencias. Las agudas intuiciones psicológicas y los extraños misticismos de los confinamientos necesitaban de esa luz de cada cual. Para unos, humo espeso; para otros, diez metros de nieve a los que lanzarse y que rumoreasen todos los demás, hubiera o no copos blanquecinos o fueran todo motas de polvo y polen; para los entendidos, las mujeres se equivocaban desordenándose con esa cierta atmósfera de Venus. Otros que no veían ni la superficie pero que no podían dejar de mirar la pretenciosidad y el esplendor a medida que el vigor físico les ensanchaba. La ciencia siempre fue así, como la naturaleza: caprichosa.
El caso es que las grietas ya no podrían seguir creciendo, ni los besos de labios invisibles. Tocaba darse sí o sí, por mascarillas que hubiera, quien no se hubiera dado antes; eso, o el cazar mariposas y seguir en dos mitades.
Una semana más tarde, la manada emprendió el camino de regreso a un hogar que no sabían dónde estaba, ni…
Se encontró con ella en la estación, el Titanic de las Montañas, y después de no haberla visto en dos…
...aquel rostro sonreía o reflejaba una tristeza inmensa o una indiferencia total. La historia interminable
Él seguía retumbando a través de la oscuridad. Pero también los edificios parecían absurdos, como si tuvieran las puertas en…
Lo de ser una persona muy feliz, romántica y dulce no iba con ella. Si bien, la vida brindaba esos…
...también tenía su propia belleza: tal día hicieron dos veces el amor. Quería mirarle a los ojos cuando naciera su…