Era la realidad cotidiana con todas sus contradicciones. Profunda, divertida, ligera. Sus hijos y sus ex no la reconocerían del todo. El poder de sus risas seducía. Y el esmalte de uñas, rojo. La experiencia religiosa de santiguarse. Su inclasificable rostro mostrando ese reflejo constante que la priorizaba, disfrutando, sin ni mirar a zonas específicas de su cuerpo. La camiseta, de culpa y estupor; el bolso, tan cerca que respondía a todos sus planes; cómo se atusaba el pelo, inapelable; la búsqueda de la grandeza, queriéndose.
Todo un credo estético y vital. La universidad del más allá. Muy elegante esa forma de amor. Excesiva, sobrándole la muerte y la tristeza. Sí, se había ido a hacer yoga; eso decía.
La tela no dejaba pasar su respiración, le picaba la piel, la cara, todo. Era como si su vida hubiese…
Él cerró con fuerza los párpados y se tocó la frente; después le colocó el mechón de pelo detrás de…
Eso es el dinero, la sustancia que vuelve real al mundo. Y hay algo tremendamente corrupto y excitante en ello.…
...rendición, cerró el maletero y los despidió agitando la mano.