El sol esparcía sus rayos con menos intensidad cuando llegaba la hora. Si bien, estaba decidida. Tendría su casa, su trabajo, su familia, su entorno. Quizás traería hijos al mundo. No había un lugar más hermoso para nacer ni para morir. Era casi una ciudad, y su eco.
Por dibujar, trazaba hasta los restos de una iglesia y la fuente sagrada, y verbalizaba conversaciones a futuro, difuminándolas y anotándolas.
Así sobrevivía a las náuseas, que le desaparecían; y no escuchaba ninguna voz, sospechas o tiranías. La mujer de abajo no le faltaba el respeto en su estudio ni fuera del mismo. La macetita tampoco se le movía sola, y el perro no era un escarabajo gigante, sentado junto a un par de críos mutilados vestidos de negro sobre una alfombra de rocas y arena oscura.
La esposa de su tío pronto le llevaría otro té, no obstante.
Una semana más tarde, la manada emprendió el camino de regreso a un hogar que no sabían dónde estaba, ni…
Se encontró con ella en la estación, el Titanic de las Montañas, y después de no haberla visto en dos…
...aquel rostro sonreía o reflejaba una tristeza inmensa o una indiferencia total. La historia interminable
Él seguía retumbando a través de la oscuridad. Pero también los edificios parecían absurdos, como si tuvieran las puertas en…
Lo de ser una persona muy feliz, romántica y dulce no iba con ella. Si bien, la vida brindaba esos…
...también tenía su propia belleza: tal día hicieron dos veces el amor. Quería mirarle a los ojos cuando naciera su…