Categories: Extraños (Blog)

Si hubieras conocido a Charlotte

Quizás mi nombre no te diga nada, empezó con una sensibilidad extraordinaria.

Por fortuna aprendió a hablar con las plantas. La muerte repentina de su pareja, cuando aún eran jóvenes y tenían proyectos de vida en común, la hizo más intimista convirtiendo cualquier lugar en un precioso retrato.

Y de su cocina salían siempre lo menos cinco aromas que distorsionaban cualquier realidad. Cocinaba con un poco de suerte, era desconcertante y excepcional, mezclaba de todo y le salía bien. Decía que no le quedaba otra, que había de hacerlo.

Su exilio interior llegó cuando lo peor de la guerra. Cuando los políticos instaron a comprometerse con los principios y los generales tomaron partido. Se declaró virgen jurada, no más.

Apareció inconsciente en una playa improvisada de cuerpos, como tantas que hicieron, indefensa, la que no se dejó llevar por la muerte ni por la inercia de los tiempos. Se negó a ser la víctima perfecta y hacer política de sus encantos, que los tenía. Sobrevivió y al cuestionar valores arraigados y enseñar a mirar distinto es cuando pereció. Éramos unos niños, y tu madre nos trajo aquí. No hablamos del pasado remoto, sino de algo que se prolongó hasta los noventa.

Las vejaciones a las mujeres y el control de la maternidad siempre han sido y fueron un arma poderosa, y tu tía lo supo desde siempre, igual que su hermana, que la quiso como a ninguna otra por poco que se tuvieran. Y sí, he venido a decirte que Charlotte era mucho más que lienzos, se llamaba Ramiza.

Murió sin rencor contra los asesinos de su hijo. Ni odio ni maldad. Aún con esperanzas en que se encontraría la otra mitad. “Su madre no lo trajo al mundo sin cabeza ni brazos. Los tenía y era muy bonitodijo siempre que pudo.

La inteligencia artificial no nos volverá más ni menos conscientes, tampoco las reconciliaciones que obvian la historia. En treinta años ha habido muchas Navidades y ninguna. Y más guerras, todos parcialmente responsables.

Pero sí, siempre se juzga lo que pintan las mujeres y no los hombres. Damas, heroínas, víctimas…

A los milagros hay que llamarlos

PEBELTORlibros con y sin retratos.

 

 

Pedro Belmonte Tortosa

Share
Published by
Pedro Belmonte Tortosa
Tags: genocidiointeligencia artificialmasacre SrebrenicaNavidadesRamiza

Recent Posts

Siempre se quiso morir antes…

...de que sus hijos lo desearan.

5 días ago

Hizo una pausa de nuevo

Él cerró con fuerza los párpados y se tocó la frente; después le colocó el mechón de pelo detrás de…

7 días ago

Le gustaba tener…

...a alguien con quien hablar.

2 semanas ago

Es de noche, pero el cielo está limpio

Eso es el dinero, la sustancia que vuelve real al mundo. Y hay algo tremendamente corrupto y excitante en ello.…

2 semanas ago

Levantó las palmas en gesto de…

...rendición, cerró el maletero y los despidió agitando la mano. 

3 semanas ago

La noche de bodas

La vida brindaba esos momentos de felicidad a pesar de todo. Lo recordaba como un sonido que salía por la…

3 semanas ago