Parecía quererle, más que a sí misma. Si bien,
en las últimas esquinas de sus pechos dormidos
el valor dejaba paso al miedo de otras oraciones.
Un horizonte de perros ladrando quiso interrumpirlo, pero no,
relumbraba el querer, cuadrada y blanca la noche, en ella.
Siete gritos, siete sangres, y siete dobles quebraderos tenía ese,
el de la casada infiel, en su mar de juramentos almidonados.
En fin, agudo norte que ni de aire rizado. Amor de escalofrío, y alcoba de silencios.
Turbias huellas lejanas, y presentes yemas de soledad esquiva: breves sueños indecisos.
Una semana más tarde, la manada emprendió el camino de regreso a un hogar que no sabían dónde estaba, ni…
Se encontró con ella en la estación, el Titanic de las Montañas, y después de no haberla visto en dos…
...aquel rostro sonreía o reflejaba una tristeza inmensa o una indiferencia total. La historia interminable
Él seguía retumbando a través de la oscuridad. Pero también los edificios parecían absurdos, como si tuvieran las puertas en…
Lo de ser una persona muy feliz, romántica y dulce no iba con ella. Si bien, la vida brindaba esos…
...también tenía su propia belleza: tal día hicieron dos veces el amor. Quería mirarle a los ojos cuando naciera su…