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Le faltaba la cabeza y los brazos

Atrás quedaba la clamorosa ovación. Aplausos, felicitaciones, saludos, abrazos…

Sucumbió sintiendo llorar a ambos lados de su cama a dos pobres mujeres. A una le faltaba la cabeza y los brazos, la otra fue llevada al hospital.

De aquel incendio del palacio no se salvaría nada. Nada que no tuviera que salvarse. El oficial, fuera de sí, desesperado gritando como un energúmeno a sus brigadas, al que cogía le abofeteaba rabiosamente.

Su hijo tendría que contarle lo sucedido, el mismo que esperaba impaciente las noticias de la enfermera sobre el estado de su hermana pequeña. De la mayor y la madre que le informase el doctor, o el del seguro. ¡Tantas guardias y tan poca vida! ¿Acaso había algo valioso que se pudiera ya salvar?, pensaba el sargento… en el instante mismo en el que vislumbró a una auxiliar correr desolada, su prima, otra que estaba ardiendo por dentro.

El día que llovió hacia arriba

Pedro Belmonte Tortosa

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Pedro Belmonte Tortosa
Tags: ardiendofamilia bomberosincendio

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