Ella, que no era una más de la fraternidad de las diosas, soñaba con un caballero de chocolate. Él, de los de la tribu que por no tener no tenía ni palabras, jamás hubiera soñado con alguien que oliera como la hierbabuena.
Ambos eran la flor marchita de la vida, víctimas de su propia superioridad, por el miedo que les daba decirse la verdad. Uno, que bien podría haber sido Al Capone, más cuando uno no puede ni andar en calzoncillos en su propia casa, gritar en silencio los triunfos ni le salía; y la otra, por fatalista ni besos de sirena.
El top de las cinco mejores ciudades para vivir lo conocían: Zúrich, Vancouver, Múnich y Auckland. Estaban en una de la otras Vienas, extrañados y ausentes, con todo lo que quedaba de ellos y la ventana reuniéndolos.
Ella se casó tiempo atrás con un rico, él aún lloraba por todo aquello que nunca pudo contar a nadie, ni forzadamente en un hospedaje. Al otro lado la institutriz, con esa carta para entregar desde hacía treinta años más sus sonrisas forzadas. El cuarto pasajero ya podría ser un malhumorado dragón o no; ni con los ojos verdes.
Una semana más tarde, la manada emprendió el camino de regreso a un hogar que no sabían dónde estaba, ni…
Se encontró con ella en la estación, el Titanic de las Montañas, y después de no haberla visto en dos…
...aquel rostro sonreía o reflejaba una tristeza inmensa o una indiferencia total. La historia interminable
Él seguía retumbando a través de la oscuridad. Pero también los edificios parecían absurdos, como si tuvieran las puertas en…
Lo de ser una persona muy feliz, romántica y dulce no iba con ella. Si bien, la vida brindaba esos…
...también tenía su propia belleza: tal día hicieron dos veces el amor. Quería mirarle a los ojos cuando naciera su…