La sabía preocupada, pendiente de que un día el cartero le entregara una carta suya. Era un hombre que no aparentaba enfrascarse en la lectura de ningún periódico, y de aspecto sombrío que no quería preocupar a ninguna de sus dos mujeres.
El tipo hacía pocos ademanes para que lo reconocieran, pero lo hacían.
Una vez llegó a viajar en barco hasta Marsella, y desde allí, primero en tren y luego en coche se dirigió a París. Ese fue todo su mundo, y la piedad se su equipaje de mano.
En tiempos llegó a ser socio de una fábrica de confección. Y jamás se dejó ver por algún que otro cabaret.
Su barca, solo su barca, y su barca, era lo que le mantenía ocupado. El médico debió de acercársele una vez y al levantarle la mano lo ruborizó. La caña, incluso esa vez, siguió echada y él mirando el trasfondo, como si nada, como si todo, como si nadie.
Parecía un hombre simple, sencillo, de pocos recovecos, de esos de irse a pescar hasta las sombras de la noche, represaliado y en nada absorbente, de los que sentían paz por haber conocido a su abuela.
Otra que en los cielos estaría recolocando las piezas de su identidad, porque no terminaba de cuadrarle a nadie la última noticia, no cabiendo más palabras entre los lugareños, que intentaban no perder la calma y averiguarlo en menos de cuatro días.
Una semana más tarde, la manada emprendió el camino de regreso a un hogar que no sabían dónde estaba, ni…
Se encontró con ella en la estación, el Titanic de las Montañas, y después de no haberla visto en dos…
...aquel rostro sonreía o reflejaba una tristeza inmensa o una indiferencia total. La historia interminable
Él seguía retumbando a través de la oscuridad. Pero también los edificios parecían absurdos, como si tuvieran las puertas en…
Lo de ser una persona muy feliz, romántica y dulce no iba con ella. Si bien, la vida brindaba esos…
...también tenía su propia belleza: tal día hicieron dos veces el amor. Quería mirarle a los ojos cuando naciera su…