El martes salió a correr y a la vuelta, en el buzón, se encontró una carta repartida a mano; sin sello, sin dirección. Apenas su nombre en el anverso.
No sabía mucho sobre esa mujer, casi nada, en realidad. Cierto que le sonaba el nombre.
Qué extraño fin de semana fue aquel.
A los milagros hay que llamarlos.
PEBELTOR
Él cerró con fuerza los párpados y se tocó la frente; después le colocó el mechón de pelo detrás de…
Eso es el dinero, la sustancia que vuelve real al mundo. Y hay algo tremendamente corrupto y excitante en ello.…
...rendición, cerró el maletero y los despidió agitando la mano.
La vida brindaba esos momentos de felicidad a pesar de todo. Lo recordaba como un sonido que salía por la…