Tenía una belleza insoportable. Ni resentida ni traidora la madre recién nacida, quien sonriendo estaba más guapa.
Las tardes le eran un laberinto, noches de puro dolor, sola en silencio. Ahora bien, cuando podía, practicaba el yoga sensible al trauma.
Puro susurro del fuego, devolviéndole al aire al tenerle, tenerse, cuidándose mucho la nueva mamá, papá, frente al ruido: hermanos.
No había hecho más que esperar, sobre todo desde que se marchó en primavera. La cuarta o quinta vez. Esperar…
Aparte de los pocos millonarios a los que trataba por dinero, dedicaba todo el tiempo a visitar hospitales infantiles. Sufría…
...ahora ya sabía todas las respuestas. Sucedió en una franja de tierra larga y estrecha con playas a uno y…