Era la vida adulta representando tanto el poder como la rebelión, donde los privilegiados siempre optaban a una vida mejor. Testosterona y zanganeo. La hormona del sexo y la violencia.
Vida que unas veces beneficiaba y en otras cogía a contrapié, como a los Juan Montepinos de turno que, aunque fueran eternos se morirían igual, ya fuera en Rota o en otros muchos pueblos de pobreza, venidos de la postguerra y la miseria.
Ciudadanos corrientes de esa parte del mundo que llamaban Occidente, a la luz de la mejor ciencia, que sufrieron un puñado de semanas propicias para los sentimientos, pero también les fue un ciclo crepuscular; unos días para fijar la infancia infinita.
Novela Disponible: sírvanse
No había hecho más que esperar, sobre todo desde que se marchó en primavera. La cuarta o quinta vez. Esperar…
Aparte de los pocos millonarios a los que trataba por dinero, dedicaba todo el tiempo a visitar hospitales infantiles. Sufría…
...ahora ya sabía todas las respuestas. Sucedió en una franja de tierra larga y estrecha con playas a uno y…