Uno empieza la semana peor que si la acabase de terminar. Se deja pasar algo de tarde haciendo noche engañándose a sí mismo. Es el comer, merendar, cenar igual que el desayunar; todo sabe a todo. Hasta nos apuramos por hacer deporte cual placebo de cabezas y cuerpos enconados. Corres, saltas, brincas,… espalda con espalda. Algunos hasta se hacen brechas de tanto tomárselo en serio, los menos se asfixian (pocos cuerdos pero los hay, eso sí, parecen atrofiados). Se ven las noticias y los mensajes a medias, ordenamos ese nuevo martes. Las sábanas ya parecen ocres y saben a un verde marchito. Se buscan los aromas que no están estando. Y el ruido viene del poco espacio. La luz se apaga y se enciende…
Ruin, no se deja de competir. Lavamos la taza del desayuno tan aprisa que esa misma sirve para postres y la cena. Postres que son carnes, verduras, legumbres. Mediodías que empachan y siguen sabiendo a cualquier hora. No dejamos de prendernos cuales extraños.
Una semana más tarde, la manada emprendió el camino de regreso a un hogar que no sabían dónde estaba, ni…
Se encontró con ella en la estación, el Titanic de las Montañas, y después de no haberla visto en dos…
...aquel rostro sonreía o reflejaba una tristeza inmensa o una indiferencia total. La historia interminable
Él seguía retumbando a través de la oscuridad. Pero también los edificios parecían absurdos, como si tuvieran las puertas en…
Lo de ser una persona muy feliz, romántica y dulce no iba con ella. Si bien, la vida brindaba esos…
...también tenía su propia belleza: tal día hicieron dos veces el amor. Quería mirarle a los ojos cuando naciera su…