Otros, que las veían, sabían de lo bonito. Por cómo eran capaces de tejer y por cómo miraban sin ruido, siempre con mucho trabajo detrás. Pero también formaban parte de ese mundo anónimo, con sigilo, ese que era de otra forma.
Personas que no se atrevían a mostrarse como realmente eran. Y así se enfrentaban a la vida, haciéndose las preguntas y llorando cada cual a su manera. Solos, por acompañados/as, si acaso, en la nación de los extraños. Un idioma siempre al borde de la extinción: querer, querer querer, querer quererse.
La dulce existencia y otras formas de volver a casa, de tener casa propia. De poder andar de veras desnuda por ella, confiada a la otra persona. Esa cierta idea de mundo que todos ansiaban, no sabiendo ni cómo ni cuándo, o no atreviéndose y los ojos en el silencio deseando frente al olvido.
Una semana más tarde, la manada emprendió el camino de regreso a un hogar que no sabían dónde estaba, ni…
Se encontró con ella en la estación, el Titanic de las Montañas, y después de no haberla visto en dos…
...aquel rostro sonreía o reflejaba una tristeza inmensa o una indiferencia total. La historia interminable
Él seguía retumbando a través de la oscuridad. Pero también los edificios parecían absurdos, como si tuvieran las puertas en…
Lo de ser una persona muy feliz, romántica y dulce no iba con ella. Si bien, la vida brindaba esos…
...también tenía su propia belleza: tal día hicieron dos veces el amor. Quería mirarle a los ojos cuando naciera su…