Siempre salían antes, sobre las nueve menos cuarto, para ajustarse al horario de la iglesia que les servía de coartada. Se ataban y apasionaban, dándose relevancia a cada centímetro de su piel, admirablemente coordinados, besándose en la boca como si no hubieran sabido hacer otra cosa en sus vidas.
Al principio, tardó en morder el anzuelo. Aunque su sobrina sabía manejarle. Eso que salía ganando. Un individuo de rasgos mediterráneos.
Esto, los días que no le dejaban matar a nadie, en la templada penumbra de las sobremesas y las sonrisas mecánicas, tan imperturbables que no significaban nada.
Algo habrían de hacer para soportar su mierda de vida, ¿no? Y sin poner todo perdido de sangre.
Una semana más tarde, la manada emprendió el camino de regreso a un hogar que no sabían dónde estaba, ni…
Se encontró con ella en la estación, el Titanic de las Montañas, y después de no haberla visto en dos…
...aquel rostro sonreía o reflejaba una tristeza inmensa o una indiferencia total. La historia interminable
Él seguía retumbando a través de la oscuridad. Pero también los edificios parecían absurdos, como si tuvieran las puertas en…
Lo de ser una persona muy feliz, romántica y dulce no iba con ella. Si bien, la vida brindaba esos…
...también tenía su propia belleza: tal día hicieron dos veces el amor. Quería mirarle a los ojos cuando naciera su…