Amaneceres y atardeceres, el impuesto a la soledad. Pinche y escuche la entrevista al autor, aquel viento, aquel mar.
...dejando la rodilla al aire vio cómo el vaho ascendía de su piel mientras era incapaz de entreabrir más sus…
Cada vez que le abría la puerta, le procuraba una efusiva bienvenida, ella y sus caderas. Pareciera que no experimentara…
El domingo me levanté a las nueve de la mañana, me afeité, hice la colada y tendí la ropa. Hacía…
... en el espejo, que desde su pasado ilumina nuestro presente, a la espera de que su voz vaya más…
Otros, que las veían, sabían de lo bonito. Por cómo eran capaces de tejer y por cómo miraban sin ruido,…