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Una fuerza apabullante

No se movían igual, no hacían exactamente lo mismo, pero interactuaban y hacían su papel. Como mujeres tenían asimilado ese reflejo sentido y lento, repetitivo, que las hacía inigualables, pudiendo pasar desapercibidas hasta el infinito o bien ser reflejo de todos los espejos.

Algunas llevaban un arma, otras solo estaban para contextualizar, llamar la atención o modular, como quien evita mirar a un vecino, estando sin estar. Si bien todas juntas conformaban una fuerza apabullante, integrándose de forma natural en los conocimientos, costumbres o pensamientos previos.

Quien debía disparar se bebía el té en silencio. Eso se deducía de los últimos días. Y cuando terminaban, se iban y, al llegar a casa, dejaban la ropa pulcramente doblada y se metían con delicadeza en la ducha o la bañera, según cada cual. El agua hacía el resto.  

En cuanto a los hombres, no todos lamentaban un simple homicidio.

Pedro Belmonte Tortosa

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Pedro Belmonte Tortosa
Tags: armadelicadezaespejoshombreshomicidioinfinitopulcramentereflejo¡Mujeres!

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