Era capaz de volver a sentir cómo el agua fluía sobre los dedos de los pies, o recordar cómo reían sus ojos.
No era un mal actor, cansado con su mirada de tormenta silenciosa. Estaba aturdido contra el sí del desquite. Recordarla era el otro vino de la sociedad, lágrimas.
Y cuando escribía en sus lentes anhelaba encontrar su mirada. Si estuviera, su amor sería su mayor consuelo.
Volvería a meter los detalles en la escopeta.
Aparte de los pocos millonarios a los que trataba por dinero, dedicaba todo el tiempo a visitar hospitales infantiles. Sufría…
...ahora ya sabía todas las respuestas. Sucedió en una franja de tierra larga y estrecha con playas a uno y…
...que no pudo recordar luego cómo era, y la quería. La quería querer, que se dejase.