Cuando todo el mundo estaba ocupado intentando ser alguien, sucedió. Costaba interpretar por qué la gente hacía lo que hacía al verlos así, socializando como antes.
Algunos, incluso por jóvenes ya eran viejos hacía diez años, si bien, en apenas unas horas se humanizaron de nuevo.
Los datos eran tozudos, innegables. Antes o después, lo diferente asustaba.
Pero sí, la gente reaccionó en parte. Los episodios agresivos ya no hacían ninguna gracia. La gente que vestía de una manera que llamaba la atención pero sin exagerar, fue aceptada, es más, pasó desapercibida. Se escucharon las voces de los niños jugando en los parques, en las calles. Las mujeres supieron hacer de todo eso un cine social, amable, sin tremendismos, que rezumase verdad.
Los pobres, no obstante, siguieron siendo invisibles. Y eso que las ciudades no fueron lo bastante grandes y la gente aprovechó para mirar las estrellas del cielo, como si jamás hubieran estado ahí.
Realmente, no hicieron falta palabras para entender el momento… Faltó saber ¿por qué las rosas ya no olían como antes?
Aparte de los pocos millonarios a los que trataba por dinero, dedicaba todo el tiempo a visitar hospitales infantiles. Sufría…
...ahora ya sabía todas las respuestas. Sucedió en una franja de tierra larga y estrecha con playas a uno y…
...que no pudo recordar luego cómo era, y la quería. La quería querer, que se dejase.