El duelo le era más amable cuando entendía que podía honrar el vínculo y seguir caminando. La identidad era una cosa maravillosa que estaba cargada de muchas capas y de zozobra. El invierno debía de ser muy frío para aquellos que no tuvieran cálidos recuerdos.
Recuerdos de familia y su vida más personal.
Cuando pensaba a diez o veinte años vista, ese futuro tenía una cara muy concreta… Su perro la miraba indefinidamente cuando se ponía así de tonta; lo sabía, como con tantas rutinas, en lugar de reaccionar al último movimiento.
Apenas una silueta desvaída revivía en el cuadro entre todas las cosas que quería darle: peluches, ropa, libros, su mochila, la mantita, etc. Harta de calcular los días, volviéndose a tocar la tripita.
Y todo fruto de una relación puntual. El padre, ante todo libre, optimista, luchador, carismático, seductor, apasionado y severo. Excelente violinista, conversador y cascarrabias.
La casa y el atelier llevaban su apellido. Gozaron de muchos inviernos refinados y, por momentos, solidarios.
El padre hablaba sin pudor de sus propios defectos. La mujer, casi siempre tumbada en el centro de la cama, levantaba la mirada o la bajaba del todo, el perro espiándola, dedicándole una sonrisa grande y plena cuando lo nombraba, abrazaba o lloraba, igualito que su hijo. Rodolfo.
Le interesaban las personas con sus propios defectos, fracasadas de sí mismas. Y la quería. Era una malquerida que no…
...en tierra de santos y pecadores; demasiado enfermos para mejorar.
La quería por quien era cuando estaba con ella. Y se frenó todo de golpe.
Aparte de los pocos millonarios a los que trataba por dinero, dedicaba todo el tiempo a visitar hospitales infantiles. Sufría…
...ahora ya sabía todas las respuestas. Sucedió en una franja de tierra larga y estrecha con playas a uno y…