Los años pasaban, la vida no. Sus vidas se pararon. La ausencia, al principio les resultó insoportable. Pero no se lo confesaron la una a la otra: madre e hija. Habían aprendido a no quejarse, a encajar lo que los días les iban deparando. Ninguna madre dejaba de llorar al hijo que perdía.
Aparte de los pocos millonarios a los que trataba por dinero, dedicaba todo el tiempo a visitar hospitales infantiles. Sufría…
...ahora ya sabía todas las respuestas. Sucedió en una franja de tierra larga y estrecha con playas a uno y…
...que no pudo recordar luego cómo era, y la quería. La quería querer, que se dejase.