Categories: Extraños (Blog)

…llover agua sucia

Llevaba días como que sentada en un banco, en la nada, mirando el color anaranjado del celeste cielo y lo púrpura, más bien, del suelo y la línea de tierra, sin que sus labios se encresparan para beso alguno de más ni de menos.

No quería ruidos ni caer en el victimismo, tampoco creyó jamás en el oportunismo rentable del vender o decir algo que no tuviera el suficiente valor.

Encima, el aviso le había pillado justo con varios trabajos y relaciones a medias. Imposible desconectar del todo y seguir como si todo, como si nada, como si nadie. Y eso que ya tenía una edad y sabía cómo sobrevivir a una boda o a un funeral, también lo que debía y no debía decir en momentos incómodos, hasta fingir una llamada urgente cuando la conversación no tenía fin. Por tener, hasta tenía un kit de supervivencia a falta de una renovada cita de amor.

Cierto es que se le había relajado la postura, y no solo al caminar. Que tenía la mirada perdida, y que aquel don de la sonrisa genuina se le estaba escapando. Dominaba, eso sí, los códigos de vestimenta de una forma acertadamente silenciosa. Y se mantenía conectada, pero no dependiendo de la tecnología en exceso, muy lejos de ser una de tantos, de esos del nacer un día en el que Dios estuvo enfermo.

Eso sí que le era extraño, ambiguo. Ni hierbas para que se tranquilizase, ni medicinas, ni esconder discretamente un cuchillo de cocina bajo la almohada del dormitorio. Sin creer, creía en algo: Dios o lo que fuera. Ese y otros muchos. Su madre no sufría milagrosamente, su padre tampoco y eso que pereció enfermo, y el marido menos aún y eso que las estaba pasando canutas en el hospital.

Así pasara la vida, como raro espejismo, y que volviera a llover agua sucia… que creía en algo. Ese algo que hacía que las enfermeras fueran eso, que los médicos ejercieran debidamente, que la logística funcionase, que la familia acompañase, que las amistades ayudasen, y que desde el trabajo los compañeros no molestasen cuando había momentos en la vida que no tenían ocasión mayor que atender al paciente pues ya volvería la vida a ser eso y más antes o después.   

PEBELTOR 

 

Pedro Belmonte Tortosa

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Pedro Belmonte Tortosa
Tags: boda o funeralcuchillo de cocinaDios enfermofingirraro espejismo

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