Categories: Extraños (Blog)

En entredicho

¡Qué bueno y qué malo era!, se podía escuchar el silencio de la nieve entre sus venas. En esa urna seguía sonando igual. Sólo deseo su propio bien.

Y eso que era del tipo máscara de hierro. Yo siempre suya, y él con su orgullo cegado… A mí nunca me faltó ese pecador… No es ese el trabajo más solitario del mundo. ¿A qué viene el ir luego a decirle un salmo y prender una vela?… Tal vez los demás hayan confundido ese amor nuestro con sus lejanías pero al diablo que renunciaron era su padre. Ojalá se dejen orientar y no lo castiguen más: aún les queda la peor parte.

Ese tipo era un lobo, prefería morirse de hambre antes que cometer un error. No encontrarán nada esos extraños. Lo debieron querer antes.

Pedro Belmonte Tortosa

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