En la oscuridad la luz eran las ideas, y en el día a día,
por el humo se sabía dónde estaba el fuego.
Un Dios salvaje, sin discurso beligerante y con razón,
esgrimiría que, cuando se apunta hay que disparar.
Usted es el cuchillo y nosotros somos la carne,
le dijo la novia a quien los iba a casar.
Ese fue el último silencio.
Aparte de los pocos millonarios a los que trataba por dinero, dedicaba todo el tiempo a visitar hospitales infantiles. Sufría…
...ahora ya sabía todas las respuestas. Sucedió en una franja de tierra larga y estrecha con playas a uno y…
...que no pudo recordar luego cómo era, y la quería. La quería querer, que se dejase.