Hablaba de viejos amigos que no eran lo que parecían. De traidores cuyos motivos había empezado a comprender. Había buscado su olor en el de todas las mujeres con las que se había cruzado. Sabía todo sobre el límite de la longevidad humana. Y también escuchó: “donde haya luz, y prométeme que no me volverás a preguntar nada”.
Así fue como sucedió todo: sus vestidos envejecieron, yendo juntos a alguna parte. La ley tenía poco que decir.
Aparte de los pocos millonarios a los que trataba por dinero, dedicaba todo el tiempo a visitar hospitales infantiles. Sufría…
...ahora ya sabía todas las respuestas. Sucedió en una franja de tierra larga y estrecha con playas a uno y…
...que no pudo recordar luego cómo era, y la quería. La quería querer, que se dejase.