Se sentó de un salto en el borde de la piscina, junto a ella. Su cuerpo mojado relucía. Echó hacia atrás una mano apoyándola sobre una de esas baldosas, para mantener el equilibrio; el otro brazo hacia ella, por la cintura. La miró y le dio un beso en el hombro desnudo.
Lo último que envejecía de una mujer eran los hombros.
No había hecho más que esperar, sobre todo desde que se marchó en primavera. La cuarta o quinta vez. Esperar…
Aparte de los pocos millonarios a los que trataba por dinero, dedicaba todo el tiempo a visitar hospitales infantiles. Sufría…
...ahora ya sabía todas las respuestas. Sucedió en una franja de tierra larga y estrecha con playas a uno y…