Categories: Extraños (Blog)

A sangre y fuego

Las balas fustigaron el aire y la tierra en torno suyo, pero el hombre no se movió. El dolor le había hecho invulnerable e invencible. Casi como la luz sin gravedad, como cuando uno se muere.

En casa, días después, sintió llorar a ambos lados de su cama a dos pobres mujeres: madre e hija. Para quienes la guerra seguía. No en vano, seguía siendo un soldado… y le volverían a llamar a filas.

Y aún tuvo alma para levantar la cabeza y seguir adelante.  

A quienes tienen el horizonte,

en una línea.

 

Pedro Belmonte Tortosa

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Pedro Belmonte Tortosa
Tags: levantar la cabezamadre e hijasoldado

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