Lo sabemos, lo sabemos bien; y sin embargo siempre da algo de pavor cuando alguien nos revela esa cadena que se ha convertido en lo que somos.
El amor llega con tres heridas: la del amor, la de la muerte, la de la vida. Vive muy a nuestro pesar; a ratos fue feliz, en otros menos. Tiene infancias y adolescencias, antes y después. Crece. Crece tanto como las horas en donde no hubo nadie.
Resulta igualita a la vida de la gente del campo que es honesta. O a tirar de un caballo, unas veces borrico y en otro corcel, pasando por rocín, trotón, penco y jamelgo. Lo mismito que llorar sonriendo o ir de la mano con alguien.
Que me haya tocado a mí contarlo es lo de menos. No es mucho, pero es un comienzo… somos todos escapados. Y lo que importa no es cagarla.
Aparte de los pocos millonarios a los que trataba por dinero, dedicaba todo el tiempo a visitar hospitales infantiles. Sufría…
...ahora ya sabía todas las respuestas. Sucedió en una franja de tierra larga y estrecha con playas a uno y…
...que no pudo recordar luego cómo era, y la quería. La quería querer, que se dejase.